LA RAZA DE LOS HUMANOS
El ser humano a lo largo de las etapas en que se
divide su paso por este mundo, sufre agresiones tanto físicas como sicológicas,
por parte de sus semejantes.
Las físicas, las que dejan su huella en el cuerpo,
poco a poco van desapareciendo hasta convertirse en imperceptibles. Es cuestión
de tiempo el que se produzca la cicatrización.
Las sicológicas, las que agreden a la mente, son más
difíciles de erradicar y que se alejen de nuestro subconsciente.
Los españoles llevan desde hace años causando
agresiones de uno y otro tipo, a veces sin pararse a medir el daño hecho y de
vez en cuando con toda premeditación.
La nefasta sociedad del bienestar ficticio, aquella
que convirtió a las personas en esclavos del placer y enemigos por el afán de
poseer las cosas, permitió que los contendientes se agredieran con saña
causando los males antes descritos. Heridas en el cuerpo y heridas en el alma.
Ahora que las aguas del largo tsunami se han
retirado después de asolar todo a su paso, vienen a encontrarse los unos con
los otros, no con la idea de encontrar la solución a su desenfreno y sí para
ver si llega algún iluminado que los devuelva a sus lugares de vino y rosas.
Mucho se habla de la regeneración moral que España
necesita. Se ha criticado hasta la saciedad la inoperancia y la malicia de la
casta política. Es cierto. Por eso es una cuestión de higiene la erradicación
de esta rara avis que pulula por todos los recovecos hasta los más ocultos y se
lucra tanto en poder como económicamente a costa del erario público. Dominando
mentes y cuerpos. La solución es bien simple: que devuelvan lo esquilmado e
ingresen en prisión. Con esta medida se resolvería una parte del problema. La
otra nos corresponde a nosotros.
El pueblo debe de ser consciente que el sistema
crediticio español es de corte occidental, o lo que es lo mismo capitalista. Se
avecinan tiempos difíciles y seremos testigos de la enormidad que es que el
dinero de todos se destine a la salvación de los que mediante créditos que
bordeaban la usura nos han tenido con el yugo durante épocas de todoterrenos,
abrigos de visón y fabulosos viajes.
Llega el momento de arrimar el hombro y que lo mismo
que exijamos a los que gobiernen nos lo apliquemos a nosotros mismos. Tenemos
una deuda pendiente, a la que tendrán que hacer frente las próximas
generaciones. Pidámoslas perdón y empecemos a construir una sociedad libre y
solidaria, que lo logremos dependerá en buena parte del reconocimiento
de la responsabilidad que asumamos.
El empeño con que acometamos esta acción, tendrá
como premio el descubrimiento de que a veces, las riquezas, la opulencia y el
gozo de los placeres terrenales que son efímeros, no permiten disfrutar de otros
que son mas duraderos y por supuesto mas edificantes: la satisfacción personal,
y el descubrimiento de un mundo al que el aspecto material es secundario.
Con independencia de exigir las responsabilidades
pertinentes a todos aquellos que han sido copartícipes del hundimiento moral de
nuestra Patria.
Los que total o parcialmente se encuentren en la
onda de lo expuesto, estarán sin duda alguna preparados para iniciar un camino
de plenitud y libertad
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