miércoles, 24 de octubre de 2012

EL DULCE ENCANTO DE LA POLTRONA





EL DULCE ENCANTO DE LA POLTRONA

Hay que ver el apego que nuestros políticos le tienen al cargo. El verbo dimitir ha sido excluido de su diccionario. Aquí en cuanto se hacen con un carguito aunque sea municipal que les alcance para vivir, a lo único que aspiran es a mejorar su estatus y perpetuarse en el hasta ahora lucrativo oficio de político.
Si alguien lo duda, no tiene mas que pararse un momento a analizar lo sucedido en los últimos tiempos. Es para echarse a llorar o reír, según la predisposición de ánimo que cada uno tenga, aunque tengo la impresión de que si hay sonrisa será de conejo.
Veamos y repasemos algunos casos. Lugar destacado para el Sr. Arenas, que se ha llevado fracaso tras fracaso en sus intentos para hacerse con la Presidencia de la Junta de Andalucía y se le premia con un puesto de responsabilidad, no a la inoperancia como sería lo propio, sino a un órgano de decisión de su partido. Siendo benevolente, se podría entender que sería para aleccionar a la militancia en como hay que actuar para perder unas elecciones.
Mi estimado Llamazares, que durante su etapa como coordinador de Izquierda Unida, la ha llevado a la más mínima expresión y aunque sus camaradas le apartaron del liderazgo, él se las ha apañado para crear otro partido ad hoc que le mantenga ocupado. Abandona la formación por una puerta y vuelve a entrar por otra.
El aspirante a lehendakari Basagoiti, que a poco que se hubiese descuidado habría mandado a los populares a las filas extraparlamentarias. Y encima dice que de dimitir otro día.
Que no decir del Sr. Rubalcaba que es como un sumidero por donde se escapan los votos, ante el temor por parte del espectro político de perder al referente mas significativo de la izquierda española. Hoy ha convocado una rueda de prensa y a poco mas le pega al que le insinuó algo sobre su dimisión.
Paradigma al uso, Tomás Gómez, que se convirtió en el destinatario de todas las bofetadas que soltaba la bravía Esperanza Aguirre.
Pues todos van a continuar. Hay que añadir a la nómina a los subalternos que se mueven alrededor del poder sin molestar mucho y a figuras a las que hay que respetar dada su edad y sus años de sacrificio por el bien común.
Anotad: Alfonso Guerra, Carmen Hermosín, Celia Villalobos, y tantos otros que convirtieron un cometido en pos de trabajar para el bien común, en un refugio de medianías, salvando las excepciones que fuesen de menester   

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