DIONISIO RIDRUEJO
Se cumple en estos días el centenario del nacimiento
de Dionisio Ridruejo, para muchos el intelectual que vio la luz desde las
tinieblas del nacionalsindicalismo y, renegando de su vida anterior, pasó a
engrosar las filas de la llamada democracia.
Y fijaros bien, que digo, “del nacionalsindicalismo”
y tengo mis razones. Si Dionisio se hubiese limitado a mantener una actitud
hostil sobre un régimen que falseó y contaminó la doctrina falangista, no
tendría nada que decir, pero se da la circunstancia que lo tratan como un
héroe, no por el solo hecho de posicionarse con la oposición al general Franco,
sino por renunciar a sus ideal nacionalsindicalista anterior. Y la verdadera
heroicidad creo que se da en el caso opuesto: dejar la comodidad del sistema
imperante en la sociedad capitalista, y permanecer fieles al espíritu como
muchos hicieron a lo largo de su vida.
Ni por un momento voy a ser juez de conductas de
nadie, solo salgo al paso de la opinión de aquellos que han cogido el rábano
por las hojas y consideran que el abandono de nuestra revolución constituya un
gesta heroica.
Me considero un crítico sobre algunas formas y
estrategias que los grupos falangistas ejercen en su cometido de oposición. No
tengo la verdad absoluta sobre ninguna cuestión opinable, y siempre estaré
dispuesto a debatir sobre lo que afecte a la operatividad, estrategia y
elección de objetivo, pero no con nadie que renuncie al espíritu de nuestra
doctrina.
A mi entender considero que Ridruejo tuvo que
padecer alguna frustración personal que le hizo renegar de la doctrina fundada
por su anterior camarada y amigo Primo de Rivera. ¿Qué vio Ridruejo de malo en
lo que antes le parecía tan bueno? En verdad que lo ignoro, pero miro a su
alrededor y observo la presencia de camaradas de la primera hora, que a
diferencia de él, bien intentaron (eso decían) desde dentro del régimen llevar
al sistema parejo con la revolución, como fueron Girón, Dávila, Raimundo, etc. Con
otros, que opinaban que el régimen había que atacarlo de manera radical desde
un feroz oposición, caso de Narciso, Hedilla, etc. Todos tenían una cosa en
común: no anunciaron militancia en ninguna formación ya fueran de derechas o de
izquierdas y permanecieron fieles a el ideal cada uno desde el lugar que juzgó
oportuno.
Por todo lo expuesto, desde el reconocimiento a su
labor literaria, me niego a brindar por nadie que quiera para España algo
distinto a lo que nosotros propugnamos
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