domingo, 21 de octubre de 2012

DIONISIO RIDRUEJO





DIONISIO RIDRUEJO

Se cumple en estos días el centenario del nacimiento de Dionisio Ridruejo, para muchos el intelectual que vio la luz desde las tinieblas del nacionalsindicalismo y, renegando de su vida anterior, pasó a engrosar las filas de la llamada democracia.
Y fijaros bien, que digo, “del nacionalsindicalismo” y tengo mis razones. Si Dionisio se hubiese limitado a mantener una actitud hostil sobre un régimen que falseó y contaminó la doctrina falangista, no tendría nada que decir, pero se da la circunstancia que lo tratan como un héroe, no por el solo hecho de posicionarse con la oposición al general Franco, sino por renunciar a sus ideal nacionalsindicalista anterior. Y la verdadera heroicidad creo que se da en el caso opuesto: dejar la comodidad del sistema imperante en la sociedad capitalista, y permanecer fieles al espíritu como muchos hicieron a lo largo de su vida.
Ni por un momento voy a ser juez de conductas de nadie, solo salgo al paso de la opinión de aquellos que han cogido el rábano por las hojas y consideran que el abandono de nuestra revolución constituya un gesta heroica.
Me considero un crítico sobre algunas formas y estrategias que los grupos falangistas ejercen en su cometido de oposición. No tengo la verdad absoluta sobre ninguna cuestión opinable, y siempre estaré dispuesto a debatir sobre lo que afecte a la operatividad, estrategia y elección de objetivo, pero no con nadie que renuncie al espíritu de nuestra doctrina.
A mi entender considero que Ridruejo tuvo que padecer alguna frustración personal que le hizo renegar de la doctrina fundada por su anterior camarada y amigo Primo de Rivera. ¿Qué vio Ridruejo de malo en lo que antes le parecía tan bueno? En verdad que lo ignoro, pero miro a su alrededor y observo la presencia de camaradas de la primera hora, que a diferencia de él, bien intentaron (eso decían) desde dentro del régimen llevar al sistema parejo con la revolución, como fueron Girón, Dávila, Raimundo, etc. Con otros, que opinaban que el régimen había que atacarlo de manera radical desde un feroz oposición, caso de Narciso, Hedilla, etc. Todos tenían una cosa en común: no anunciaron militancia en ninguna formación ya fueran de derechas o de izquierdas y permanecieron fieles a el ideal cada uno desde el lugar que juzgó oportuno.
Por todo lo expuesto, desde el reconocimiento a su labor literaria, me niego a brindar por nadie que quiera para España algo distinto a lo que nosotros propugnamos

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