EL MODELO CAPTALISTA DE SOCIEDAD SE DESQUEBRAJA
Los acontecimientos se van sucediendo en cascada. Lo
que parecía una fortaleza inexpugnable, se desmorona como si de un castillo de
naipes se tratara. En España, Cataluña y el País Vasco; en Gran Bretaña,
Escocia; en Bélgica, a pesar de su menguada extensión, los flamencos; en
Italia, la parte norte, con el patrocinio de la liga.
Todo ello no hace sino acrecentar mi sospecha de que
al contrario del sentir general toda vez que Cataluña o el País Vasco, o los
dos a la vez, no van a encontrar dificultad alguna en ser acogidos por la
Comunidad Europea como un miembro mas.
Estoy seguro que habrá voces que se levanten
denunciando la inviabilidad del proyecto. Dirán que según la normativa
comunitaria es imprescindible para acceder como un miembro más el beneplácito
de todos los socios sin excepción y que por supuesto significaría la salida
inmediata del euro del pretendiente rechazado.
Todo esto le da a estos desahogados lo mismo: cual
trileros de mi barrio, ya se las apañaran para convertir lo ilegal en legal. Es
triste que en poco más de treinta años de régimen partitocrático hayan
conseguido romper una unidad de siglos de existencia. Nos hemos quedado sin
España y sin Dios.
Una ola laica ha penetrado en nuestra nación y
asimismo ha logrado sacar tajada: España ha dejado no solo de ser católica sino
que no es ni siquiera creyente. El día que los poderes fácticos quitaron al
crucifijo de las escuelas, se le quiso decir a nuestros niños que Dios de había
ido para siempre.
Hoy el retorno de los valores que sirvieron como guía
espiritual del pueblo español, se me hace difícil. Es mucho el desarraigo
introducido en el pensamiento de los que eren niños al inicio de la labor
destructora y se han hecho hombres con el germen del alejamiento de la
religión.
El clero español debería hacer autocrítica y buscar
en su mal hacer las consecuencias afectivas hacia lo que nunca se debió llegar.
Primero, actuando como una Gestapo con sotana en los principios del franquismo.
Posteriormente con la demencial teología de la liberación que pretendía
convertir a Jesús en un obrero agrícola y convertirse en colaboradores de la
causa del comunismo.
Unas y otras causas nos han llevado al lugar que
honradamente no creo nos corresponda estar
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