OTEGUI ESE HOMBRE DE PAZ
Arnaldo Otegui es el etarra más aclamado por los
seguidores vascos, favorables a la banda comunista terrorista que tienen un objetivo
marcado: que este asesino sea el presidente de una comunidad que gracias a la
inoperancia y cobardía del gobierno actual y a la colaboración a cambio de
votos del anterior, le permitirá estar en libertad para cumplir todas las expectativas.
Para echar mas leña al fuego, y poner de los nervios
a las víctimas, hace unos días que aparición en los medios de comunicación una
carta de su hija dirigida al “aita” en la que le desea como en anuncio del
turrón que al llegar la navidad se encuentre en casa, en un clima de paz y
sosiego, en el que nadie que no los conociera se llegara a pensar, que el capo
de aquella familia es un criminal, oficio que lleva desempeñando desde su mas
tierna juventud.
Arnaldo, el hombre de paz, no se encuentra ya
paseando en olor a multitudes por las calles vascas, porque “tranquilito” aún
no ha dado como presentar el hecho ante los españoles sin que le digan nada ni
se le caiga la cara de vergüenza. Los familiares de las víctimas, a buen seguro,
sentirán la desazón que les producirá ver al etarra por la calle.
En España se habla tanto del estado de derecho, se
pondera tanto a la observación de todos en guardar y acatar la llamada Carta
Magna, que saldrá algún vocero intrépido que nos obsequiará con alguna diatriba
al respecto.
Llegados a este punto, cabe reseñar que nada más
caer el problema en las Audiencia Nacional, para aplicar la ley (aunque sea la
suya), el alto organismo judicial, procederá a aligerar los tiempos y que el
bueno de Otegui se marche a su casa y pueda abrazar a su hija. Dichoso de él
que puede ejercer las caricias de padre a un hijo, porque lo que es seguro, lo
que no ofrece ninguna duda, es el que las víctimas no podrán hacer lo mismo con
los suyos
Otra vez y ya ha sucedido en muchas ocasiones en
determinado corto espacio de tiempo, la rabia, la repulsa ante la impotencia de
no poder hacer nada que pare la barbarie, me causa dolor, mas por el hecho de
no disponer del suficiente apoyo humano para salir a la calle y decir a voz en
grito, que los asesinos deben permanecer en prisión sin ningún privilegio que
haga modificar esta situación.
Quizás en algún lugar remoto de nuestra Patria,
exista un grupo de personas que empiecen con la tarea de regenerar esta pocilga
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