miércoles, 10 de octubre de 2012

ARNALDO OTEGUI ESE HOMBRE DE PAZ




OTEGUI ESE HOMBRE DE PAZ

Arnaldo Otegui es el etarra más aclamado por los seguidores vascos, favorables a la banda comunista terrorista que tienen un objetivo marcado: que este asesino sea el presidente de una comunidad que gracias a la inoperancia y cobardía del gobierno actual y a la colaboración a cambio de votos del anterior, le permitirá estar en libertad para cumplir todas las expectativas.
Para echar mas leña al fuego, y poner de los nervios a las víctimas, hace unos días que aparición en los medios de comunicación una carta de su hija dirigida al “aita” en la que le desea como en anuncio del turrón que al llegar la navidad se encuentre en casa, en un clima de paz y sosiego, en el que nadie que no los conociera se llegara a pensar, que el capo de aquella familia es un criminal, oficio que lleva desempeñando desde su mas tierna juventud.
Arnaldo, el hombre de paz, no se encuentra ya paseando en olor a multitudes por las calles vascas, porque “tranquilito” aún no ha dado como presentar el hecho ante los españoles sin que le digan nada ni se le caiga la cara de vergüenza. Los familiares de las víctimas, a buen seguro, sentirán la desazón que les producirá ver al etarra por la calle.
En España se habla tanto del estado de derecho, se pondera tanto a la observación de todos en guardar y acatar la llamada Carta Magna, que saldrá algún vocero intrépido que nos obsequiará con alguna diatriba al respecto.
Llegados a este punto, cabe reseñar que nada más caer el problema en las Audiencia Nacional, para aplicar la ley (aunque sea la suya), el alto organismo judicial, procederá a aligerar los tiempos y que el bueno de Otegui se marche a su casa y pueda abrazar a su hija. Dichoso de él que puede ejercer las caricias de padre a un hijo, porque lo que es seguro, lo que no ofrece ninguna duda, es el que las víctimas no podrán hacer lo mismo con los suyos
Otra vez y ya ha sucedido en muchas ocasiones en determinado corto espacio de tiempo, la rabia, la repulsa ante la impotencia de no poder hacer nada que pare la barbarie, me causa dolor, mas por el hecho de no disponer del suficiente apoyo humano para salir a la calle y decir a voz en grito, que los asesinos deben permanecer en prisión sin ningún privilegio que haga modificar esta situación.
Quizás en algún lugar remoto de nuestra Patria, exista un grupo de personas que empiecen con la tarea de regenerar esta pocilga

No hay comentarios:

Publicar un comentario