sábado, 1 de septiembre de 2012

PROPUESTA PARA PERSONA FAMILIA Y COMUNIDAD



PRPUESTA PARA PERSONA FAMILIA Y COMUNIDAD PARA LA REVOLUCION

Estamos preparados para un amplio debate sobre el papel del hombre, la concepción de la familia y su relación con la comunidad en el marco de una revolución nacionalsindicalista. Son todos temas delicados y que seguramente dejará algún descontento, por lo que sería bueno aclarar un concepto: como ya venimos diciendo, lo importante es el espíritu de la norma que desde un punto de vista doctrinal deberá permanecer inmutable; otra cosa será acometer las reformas que se estimen necesarias para una mejor adecuación a la sociedad presente. Que nadie se llame a engaño: hay unidades básicas de convivencia que se pueden modificar en número y en la estrategia para su introducción, pero que estimo deberán permanecer inalterables en su esencia. En primer lugar entraremos en lo que es el pilar principal de  convivencia: el hombre
El hombre, considerado como persona, es decir, como ser en sociedad, es el  fundamento del sistema. Sujeto de un destino particular y trascendente y responsable de una tarea al servicio de la comunidad. Es pues protagonista y destinatario del bien común; recibe la influencia de la sociedad e influye e ella; lo condicionan la naturaleza y las circunstancias y a su vez él mismo las modifica; recibe de los demás y da a los demás.
El papel del hombre cumple una doble función en la comunidad, recibe y da en justa medida de acuerdo con sus actitudes y aptitudes. Incluso en algunos casos, se podría establecer la máxima anarquista: dar según sus capacidades y recibir según sus necesidades
Por lo tanto es intolerable toda absorción y presión anuladora o degradante de la personalidad individual; toda corrupción contraria a su dignidad y todo desenfreno egoísta frente a la comunidad.
Todo sistema social habrá de ordenarse hacia la elevación integral de la persona humana en bienestar y bienser y hacia la efectiva participación de la misma en las decisiones y actuaciones que le afecten.
Deberán ser garantías vigentes de la personalidad individual. Entre otras: el respeto a la identidad propia, a la intimidad y a la integridad física y espiritual; la moralidad, la cultura, la educación, la propiedad, la información, la igualdad ante la ley, la seguridad social y jurídica; la participación en los bienes, cargas y tareas colectivos. La responsabilidad comunitaria, el trabajo, la libertad de pensamiento, expresión, asociación y actuación para desarrollarse en sociedad, para obtener y promover la justicia y para contribuir al bien común.
La vida humana en cualquier estado en que la misma se halle, aún en embrión, merece el máximo respeto y protección. El poder público habrá de salvaguardarla con todo rigor.
Es el momento para tratar el aborto y la eutanasia. Sin acaloramientos y siendo sabedores que la razón viene de la mano del convencimiento
La familia, como entidad básica de la sociedad y unidad natural primaria de convivencia, necesita medios propios y asistentes sociales, que garanticen su integridad y el cumplimiento de sus inminentes fines, que son fundamentalmente la ayuda mutua entre parientes y cónyuges y la procreación, educación y cuidado de la prole en el matrimonio.
La familia se constituye a partir de la unidad matrimonial; pero necesariamente no se la debe reducir a la comunidad de padres adultos e hijos menores. La familia es un ámbito en el que debe caber la convivencia y la relación de afecto y solidaridad entre parientes que así lo deseen o necesiten; para no sufrir el abandono, la soledad, la inseguridad o el desvalimiento. Piénsese por ejemplo en los ancianos, los solteros, los viudos, los minusválidos, enfermos o los huérfanos.
La separación y la disolución o anulación del matrimonio pueden admitirse o tolerarse solo en determinados casos, sin perjuicio del permanente deber de cuidado y educación de los hijos menores  la asistencia alimenticia del cónyuge desvalido inocente. Aquí es preciso que se establezcan cuales son los casos a los que se alude.
Los progenitores (el padre y la madre) tienen el deber, bajo la mas grave responsabilidad, de cuidar de sus hijos hasta la emancipación de estos. Los hijos no deben sufrir ninguna discriminación por razón de su nacimiento o ascendencia. Toda filiación ha de ser igualmente legítima para la sociedad.
Propugnamos la debida consideración y atención de la sociedad a las personas con obligaciones de asistencia familiar que cumplir y rechazamos las estimaciones utilitarias o individualistas que ignoren las relaciones familiares. Por ello defendemos especialmente el respeto y apoyo sociales a la función maternal de la mujer y a la paternal del hombre, cual fuere el estado civil de los mismos.
Para que la familia pueda cumplir por si misma sus fines, necesita de un patrimonio propio suficiente, amplia y dotada vivienda, retribuciones que la subvengan, las instituciones populares de enseñanza y seguridad social suplirán las insuficiencias o imposibilidades asistenciales de la comunidad familiar.
Propugnamos el fomento y vitalización de los vínculos comunitarios auténticos; la organización comunitaria del pueblo conforme a sus unidades naturales de convivencia estable: familia, casa de vecindad, barriada, municipio, comarca, región, escuela, empresa y sindicato. Pues es preciso lograr la armonía e incorporación efectiva del individuo a su comunidad. El cual será así mas libre, mas dotado, mas responsable y partícipe, mas seguro y respetado. Y se hace necesario acabar con importantes causas de infelicidad e inestabilidad social; el aislamiento, el egoísmo antisocial, la indefensión, el desarraigo, la desordenada atomización de la sociedad, el hacinamiento, el gregario anonimato y la masificación despersonalizadora. En una sociedad comunitaria, es decir en una sociedad de personas ligadas por razones de convivencia y por destinos y responsabilidades compartidos, se evitan graves riesgos de tiranía, demagogia y delincuencia y se propicia la reflexión, la participación, la solidaridad.
En este sentido propugnamos la organización natural del pueblo, de un lado en comunidades territoriales: Municipio, comarca, región y de otro: en comunidades laborales, escuela empresa, sindicato. A estas comunidades populares habrá de atribuirles, autonomía y medios necesarios para el cumplimiento de  sus funciones específicas en régimen de autogestión democrática; pero en armonía y solidaridad con la totalidad nacional. El sistema de democracia natural y directa que defendemos se cimentará en las comunidades populares.
Los municipios minúsculos sin vitalidad habrán de desaparecer para formar entidades municipales suficientes no multitudinarias, o habrán de aunarse sus administraciones y servicios formando asociación o federación entre las localidades limítrofes. La preocupación general por este problema para nosotros no lo es tal y aportamos soluciones DISCUTIDAS Y DISCUTIBLES
Defendemos la tendencia a la supresión de las aglomeraciones industriales, residenciales o demográficas, como perjudiciales para la convivencia y para el bienestar personal. Al propio tiempo señalamos la necesidad de dar impulso a las comunicaciones y relaciones entre los distintos núcleos y entidades.
Dentro de los grandes municipios es necesaria la consideración y constitución del edificio de vecindad y barrio, como unidades de convivencia ciudadana, fomentando en ellas las relaciones comunitarias positivas y proporcionándoles servicios y funciones para provecho común de los vecinos respectivos.
Se hace cada vez mas urgente y necesaria una revolución urbanística, con la consiguiente dotación de servicios y la ordenación económica territorial, industrial, administrativa y de edificación, para facilitar la vitalización real de los vínculos comunitarios y procurar la dignificación y salubridad de las condiciones de vida, residencia y trabajo de las personas y las familias.
El suelo urbano debe ser propiedad municipal; pues su destino y valor estriban en el asentamiento de un pueblo.
Hay que reconstruir la comarca como entidad popular territorial de gran vitalidad natural, a base de la federación de los municipios de la zona. Alterando o anulando, si fuere preciso, las delimitaciones artificiales de la actual división provincial de España. La región será la agrupación de comarcas o municipios por federación. En todo caso, la demarcación de comunidades territoriales habrá de fundarse en realidades actuales que las definirán y en la voluntad de los pueblos afectados, sin prejuicio de la unidad nacional de España.
En el nuevo sistema que propugnamos, las comunidades territoriales, cuyas representaciones se conjuntarán culminando en un consejo comunal nacional, tendrán a su cargo en los respectivos ámbitos y niveles, la ordenación de los asuntos concernientes al asentamiento humano y convivencia en el territorio, tales como: Comunicaciones, medios de difusión, enseñanza, cultura, deporte, higiene, sanidad, vivienda urbanismo, abastecimientos, seguridad social, conservación y mejora de la naturaleza y el medio ambiente y servicios comunales varios.
La empresa y los sindicatos constituyen unidades populares de convivencia de carácter laboral y profesional. Tras el cambio revolucionario la organización sindicalista, cuyos caracteres y fines han sido ya expuestos, dotará de vitalidad comunitaria y sentido humano al mundo de a economía y las profesiones.
Los servicios públicos, en cuanto son necesarios y de alcance general, deben ser populizados, es decir, entregados en propiedad al pueblo mismo al que se dedican, y en consecuencia las comunidades populares o sus representantes han de intervenir a los respectivos niveles ejerciendo un control efectivo, para asegurar la mejor gestión y justo disfrute por todos los ciudadanos. (Servicios públicos populizados serán especialmente entre otros: electricidad, agua, teléfono, telégrafos, transportes colectivos, etc.)
En el nuevo sistema que postulamos, los entes territoriales y la organización  sindicalista deberán tener personalidad jurídica pública para el cumplimiento de su fin.


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