PRPUESTA
PARA PERSONA FAMILIA Y COMUNIDAD PARA LA REVOLUCION
Estamos preparados para un amplio debate
sobre el papel del hombre, la concepción de la familia y su relación con la
comunidad en el marco de una revolución nacionalsindicalista. Son todos temas
delicados y que seguramente dejará algún descontento, por lo que sería bueno
aclarar un concepto: como ya venimos diciendo, lo importante es el espíritu de
la norma que desde un punto de vista doctrinal deberá permanecer inmutable;
otra cosa será acometer las reformas que se estimen necesarias para una mejor
adecuación a la sociedad presente. Que nadie se llame a engaño: hay unidades
básicas de convivencia que se pueden modificar en número y en la estrategia
para su introducción, pero que estimo deberán permanecer inalterables en su
esencia. En primer lugar entraremos en lo que es el pilar principal de convivencia: el hombre
El hombre,
considerado como persona, es decir, como ser en sociedad, es el fundamento del sistema. Sujeto de un destino
particular y trascendente y responsable de una tarea al servicio de la
comunidad. Es pues protagonista y destinatario del bien común; recibe la
influencia de la sociedad e influye e ella; lo condicionan la naturaleza y las
circunstancias y a su vez él mismo las modifica; recibe de los demás y da a los
demás.
El papel del hombre cumple una doble función en la
comunidad, recibe y da en justa medida de acuerdo con sus actitudes y
aptitudes. Incluso en algunos casos, se podría establecer la máxima anarquista:
dar según sus capacidades y recibir según sus necesidades
Por lo tanto es intolerable toda absorción y
presión anuladora o degradante de la personalidad individual; toda corrupción
contraria a su dignidad y todo desenfreno egoísta frente a la comunidad.
Todo sistema social habrá de ordenarse hacia la
elevación integral de la persona humana en bienestar y bienser y hacia la
efectiva participación de la misma en las decisiones y actuaciones que le
afecten.
Deberán
ser garantías vigentes de la personalidad individual. Entre otras: el respeto a
la identidad propia, a la intimidad y a la integridad física y espiritual; la
moralidad, la cultura, la educación, la propiedad, la información, la igualdad
ante la ley, la seguridad social y jurídica; la participación en los bienes,
cargas y tareas colectivos. La responsabilidad comunitaria, el trabajo, la
libertad de pensamiento, expresión, asociación y actuación para desarrollarse
en sociedad, para obtener y promover la justicia y para contribuir al bien
común.
La vida
humana en cualquier estado en que la misma se halle, aún en embrión, merece el
máximo respeto y protección. El poder público habrá de salvaguardarla con todo
rigor.
Es el
momento para tratar el aborto y la eutanasia. Sin acaloramientos y siendo
sabedores que la razón viene de la mano del convencimiento
La
familia, como entidad básica de la sociedad y unidad natural primaria de
convivencia, necesita medios propios y asistentes sociales, que garanticen su
integridad y el cumplimiento de sus inminentes fines, que son fundamentalmente
la ayuda mutua entre parientes y cónyuges y la procreación, educación y cuidado
de la prole en el matrimonio.
La familia
se constituye a partir de la unidad matrimonial; pero necesariamente no se la
debe reducir a la comunidad de padres adultos e hijos menores. La familia es un
ámbito en el que debe caber la convivencia y la relación de afecto y
solidaridad entre parientes que así lo deseen o necesiten; para no sufrir el
abandono, la soledad, la inseguridad o el desvalimiento. Piénsese por ejemplo
en los ancianos, los solteros, los viudos, los minusválidos, enfermos o los
huérfanos.
La
separación y la disolución o anulación del matrimonio pueden admitirse o
tolerarse solo en determinados casos, sin perjuicio del permanente deber de
cuidado y educación de los hijos menores
la asistencia alimenticia del cónyuge desvalido inocente. Aquí es
preciso que se establezcan cuales son los casos a los que se alude.
Los
progenitores (el padre y la madre) tienen el deber, bajo la mas grave
responsabilidad, de cuidar de sus hijos hasta la emancipación de estos. Los
hijos no deben sufrir ninguna discriminación por razón de su nacimiento o
ascendencia. Toda filiación ha de ser igualmente legítima para la sociedad.
Propugnamos
la debida consideración y atención de la sociedad a las personas con
obligaciones de asistencia familiar que cumplir y rechazamos las estimaciones
utilitarias o individualistas que ignoren las relaciones familiares. Por ello
defendemos especialmente el respeto y apoyo sociales a la función maternal de
la mujer y a la paternal del hombre, cual fuere el estado civil de los mismos.
Para que
la familia pueda cumplir por si misma sus fines, necesita de un patrimonio
propio suficiente, amplia y dotada vivienda, retribuciones que la subvengan,
las instituciones populares de enseñanza y seguridad social suplirán las
insuficiencias o imposibilidades asistenciales de la comunidad familiar.
Propugnamos
el fomento y vitalización de los vínculos comunitarios auténticos; la
organización comunitaria del pueblo conforme a sus unidades naturales de
convivencia estable: familia, casa de vecindad, barriada, municipio, comarca,
región, escuela, empresa y sindicato. Pues es preciso lograr la armonía e
incorporación efectiva del individuo a su comunidad. El cual será así mas
libre, mas dotado, mas responsable y partícipe, mas seguro y respetado. Y se
hace necesario acabar con importantes causas de infelicidad e inestabilidad social;
el aislamiento, el egoísmo antisocial, la indefensión, el desarraigo, la
desordenada atomización de la sociedad, el hacinamiento, el gregario anonimato
y la masificación despersonalizadora. En una sociedad comunitaria, es decir en
una sociedad de personas ligadas por razones de convivencia y por destinos y
responsabilidades compartidos, se evitan graves riesgos de tiranía, demagogia y
delincuencia y se propicia la reflexión, la participación, la solidaridad.
En este
sentido propugnamos la organización natural del pueblo, de un lado en
comunidades territoriales: Municipio, comarca, región y de otro: en comunidades
laborales, escuela empresa, sindicato. A estas comunidades populares habrá de
atribuirles, autonomía y medios necesarios para el cumplimiento de sus funciones específicas en régimen de
autogestión democrática; pero en armonía y solidaridad con la totalidad
nacional. El sistema de democracia natural y directa que defendemos se
cimentará en las comunidades populares.
Los
municipios minúsculos sin vitalidad habrán de desaparecer para formar entidades
municipales suficientes no multitudinarias, o habrán de aunarse sus
administraciones y servicios formando asociación o federación entre las
localidades limítrofes. La preocupación general por este problema para nosotros
no lo es tal y aportamos soluciones DISCUTIDAS Y DISCUTIBLES
Defendemos
la tendencia a la supresión de las aglomeraciones industriales, residenciales o
demográficas, como perjudiciales para la convivencia y para el bienestar
personal. Al propio tiempo señalamos la necesidad de dar impulso a las
comunicaciones y relaciones entre los distintos núcleos y entidades.
Dentro
de los grandes municipios es necesaria la consideración y constitución del
edificio de vecindad y barrio, como unidades de convivencia ciudadana,
fomentando en ellas las relaciones comunitarias positivas y proporcionándoles
servicios y funciones para provecho común de los vecinos respectivos.
Se hace
cada vez mas urgente y necesaria una revolución urbanística, con la
consiguiente dotación de servicios y la ordenación económica territorial,
industrial, administrativa y de edificación, para facilitar la vitalización
real de los vínculos comunitarios y procurar la dignificación y salubridad de
las condiciones de vida, residencia y trabajo de las personas y las familias.
El suelo
urbano debe ser propiedad municipal; pues su destino y valor estriban en el
asentamiento de un pueblo.
Hay que
reconstruir la comarca como entidad popular territorial de gran vitalidad
natural, a base de la federación de los municipios de la zona. Alterando o
anulando, si fuere preciso, las delimitaciones artificiales de la actual
división provincial de España. La región será la agrupación de comarcas o
municipios por federación. En todo caso, la demarcación de comunidades
territoriales habrá de fundarse en realidades actuales que las definirán y en
la voluntad de los pueblos afectados, sin prejuicio de la unidad nacional de
España.
En el nuevo sistema que propugnamos, las
comunidades territoriales, cuyas representaciones se conjuntarán culminando en
un consejo comunal nacional, tendrán a su cargo en los respectivos ámbitos y
niveles, la ordenación de los asuntos concernientes al asentamiento humano y
convivencia en el territorio, tales como: Comunicaciones, medios de difusión,
enseñanza, cultura, deporte, higiene, sanidad, vivienda urbanismo,
abastecimientos, seguridad social, conservación y mejora de la naturaleza y el
medio ambiente y servicios comunales varios.
La
empresa y los sindicatos constituyen unidades populares de convivencia de
carácter laboral y profesional. Tras el cambio revolucionario la organización
sindicalista, cuyos caracteres y fines han sido ya expuestos, dotará de
vitalidad comunitaria y sentido humano al mundo de a economía y las
profesiones.
Los
servicios públicos, en cuanto son necesarios y de alcance general, deben ser
populizados, es decir, entregados en propiedad al pueblo mismo al que se
dedican, y en consecuencia las comunidades populares o sus representantes han
de intervenir a los respectivos niveles ejerciendo un control efectivo, para
asegurar la mejor gestión y justo disfrute por todos los ciudadanos. (Servicios
públicos populizados serán especialmente entre otros: electricidad, agua,
teléfono, telégrafos, transportes colectivos, etc.)
En el
nuevo sistema que postulamos, los entes territoriales y la organización sindicalista deberán tener personalidad
jurídica pública para el cumplimiento de su fin.
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