El ESTADO
DEMOCRACIA COMUNITARIA
El liberalismo y el socialismo han fracasado
en su intento de configurar el estado rodeándolo de una democracia comunitaria.
Tanto la influencia de el libre mercado y la oferta y la demanda liberal, hacen
que el Estado haga dejación de sus funciones y se convierta en un mero
espectador sin papel decisorio que lo basa todo en el poder de los votos. En
España ya hemos tenido suficiente medicina de este concepto de vertebración del
estado y que ha desembocado en la locura de las comunidades autónomas.
El socialismo mero remedo del original si
quiere que el Estado intervenga en la gobernabilidad económica de la nación y
como dijo un político al que todos conocemos es echar arena en los cojinetes. Ahí
va la siguiente propuesta que unida a las anteriormente expuestas y que atañen a
todos las esferas del funcionamiento de la nación, para demostrar que el Nacionalsindicalismo
tiene respuesta para todos los problemas.
Rechazamos
la separación del Estado y del Pueblo. No admitimos que el Estado sea la
organización detentada por grupos o clases dominantes, que mandan, impuesta
sobre la sociedad gregaria, que obedece. Por ello propugnamos que el Estado sea
el instrumento jurídico de poder en manos del mismo pueblo organizado
comunitariamente. Un instrumento al servicio de todos los españoles, no de un
tirano, una oligarquía, una facción o una clase. Queremos que efectivamente, el
poder sea del pueblo, la ley del pueblo y la organización del pueblo.
Defendemos
pues un sistema de autogestión popular comunitaria, a partir de la democracia
directa en las entidades naturales de convivencia. Es decir, que las entidades
populares, tanto las de carácter vecinal o territorial, como las de carácter
laboral, asuman por si misma las responsabilidades y funciones que puedan
desempeñar en sus respectivos ámbitos y niveles; disponiendo para ello de
autonomía y medios propios y preservándose la solidaridad para la ayuda mutua y
la conjunción para abordar los asuntos comunes o generales.
Apoyamos la
tendencia a la difusión o distribución del poder, en vez de su concentración.
Entendemos que debe impulsarse al máximo la participación de las personas en
los asuntos públicos, especialmente a través de sus funciones comunitarias. Que
en lo posible y conveniente debe evitarse la abstención, la sustitución y la
delegación, para que las personas sean mas responsables y mas dueñas de sus
destinos.
La
autoridad se justifica por el servicio al bien común y se sostiene por el
asentamiento de la sociedad.
El
desempeño de funciones públicas debe ser entendido como dedicación servicial,
de ahí, que la austeridad haya de caracterizarlo y que nadie pueda eludir sus
responsabilidades ante le pueblo.
El libre y
efectivo ejercicio del derecho de asociación política de los ciudadanos debe
ser reconocido, como vía de manifestación de las inquietudes ideológicas, que
estimulen la vitalidad de los organismos populares formulando críticas e
iniciativas a la actividad pública.
A nadie, a
ningún grupo, ni partido le será lícito suplantar ni desvirtuar la soberanía
popular, ni privar al pueblo y sus comunidades de los medios para ejercerla. A
diferencia de lo que hoy ocurre, puesto que el poder le es arrebatado al pueblo
por oligarcas, plutócratas, grupos de presión, facciones y organismos
parasitarios interpuestos.
Todas las
comunidades se integrarán en el ámbito superior que es la nación española. Los
órganos nacionales del Estado serán su Presidencia, el Gobierno, las Cortes
Populares –integradas por representantes de las comunidades territoriales y
sindicales-, la organización Judicial y las Fuerzas Armadas. Los órganos
nacionales del Estado se reservarán las funciones esenciales de poder: el
arbitraje de los conflictos entre entidades, la protección de las personas
contra los abusos de los grupos o de los individuos, el fomento de las
actividades de utilidad pública, el apoyo a los sectores o comunidades
deprimidos, la defensa y seguridad pública, las relaciones internacionales, la
elaboración y vigilancia del cumplimiento de las normas básicas y comunes, que
regulen la convivencia, los derechos y los deberes de los españoles.
Las Fuerzas
Armadas constituirán una institución del Estado al servicio de la nación
Española. Habrán de ser dotadas. Capaces, depuradas y suficientes, como sea
preciso para velar por la seguridad del pueblo y sus instituciones frente a los
atentados hostiles; para garantizar a España su soberanía y para defenderla en
el cumplimiento de sus destinos contra la beligerancia y otras potencias.
El ejército
será una milicia nacional y popular.
El poder
judicial habrá de ser organizado y ordenado de modo que la protección del
Derecho sea asequible efectivamente a todos los españoles. Deberá gozar de la
máxima honorabilidad, independencia, y seguridad; para que puedan los jueces y
tribunales cumplir fielmente su función de servir a la Ley.
El Estado
que concebimos basado en la democracia directa comunitaria, se configura como
una República de estructura comunal y sindical. Resultado de la revolución
nacional sindicalista.
La política
es la tarea de ordenar la convivencia para procurar el bien común, haciendo más
fáciles, más dignos, más participantes en la vida humana a mayor número de
personas. En consecuencia no se justifica la sociedad, ni su instrumento, el
Estado, sino en cuanto se atienen a un destino, a una norma perdurable: la
elevación integral en bienestar y en bienser de cuantos constituyen el pueblo,
la participación solidaria en el bien común y su proyección y comunicación
fraterna en el mundo.
Consiguientemente
repudiamos el liberalismo tanto como el absolutismo; repudiamos la disgregación
o divorcio entre el Estado y Sociedad, así como, la absorción de la misma por
el aparato burocrático; rechazamos el sistema de partido único y el de partidos
políticos conocido, o partitocracia
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