TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A CARTAGENA
Me había prometido a mi mismo no escribir nada
relativo a la muerte de uno de los mayores criminales de la historia de España.
No voy a dejar plasmado ni siquiera su nombre porque es conocido por todos.
En uno de mis comentarios nada mas conocerse la
noticia decía que me daba la impresión de que el Borbón iba a borbonear; y
efectivamente, lo ha hecho y de que manera, de tal guisa que creo o mejor dicho
estoy seguro de ello, que los calificativos a la última fechoría real habrán
alcanzado la dureza acorde con el tamaño del hecho.
Este hombre que dicen salvó la democracia,
denominándose así al opíparo negocio de las cúpulas de los partidos, la noche
del 23F que, ojeroso, vestido con un uniforme que ha vituperado hasta la
saciedad, se dirigió al pueblo español como paladín de la libertades, cuando lo
único que pretendía era asentarse en el trono para dedicarse a los negocios
acompañado por ilustres delincuentes como su amigo Colón de Carvajal y a los
amoríos, manteniendo relaciones adúlteras que pagábamos todos los españoles con
conocidas barraganas, para desesperación de su mujer, que ha llevado los
cuernos con la mejor de las sonrisas.
Este cazador de elefantes o lo que sea, se ha ido
superando en manchar el nombre de España, a base de aberraciones diversas que
con el paso del tiempo han ido aumentando en gravedad.
Así día tras día, golfada tras golfada, hasta llegar
a la última que no tiene parangón. Fallece uno de los mayores enemigos de la
libertad, estalinista puro y duro, traidor a su mismo partido y a sus camaradas
que como Líster, se lo llamaba en público, y si no que se lo pregunten a los
integrantes del maquis que delató por mandato del KGB. Asesino de varios miles
de personas muchas de ellas de condición monárquica.
Pues bien, fue conocerse el óbito del criminal, para
que al Borbón le faltara tiempo para dirigirse al domicilio del muerto y allí
deshacerse en elogios sobre las “bondades” que atesoraba la alimaña, que a esas
horas, Dios le habrá asignado sitio en el infierno.
No se que puede pretender el inquilino de la
Zarzuela, me imagino que querrá hacer méritos de cara a la izquierda, como si
estos, fueran a concederle ninguna prueba de simpatía.
Me va a permitir que le diga una cosa que a lo peor
Ud. no quiere saber: haga lo que haga, diga lo que diga, todos los caminos
conducen a Cartagena. Inexorablemente.
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