lunes, 17 de septiembre de 2012

dejadme solo





DEJADME SOLO



El Presidente del Gobierno día a día, como lo haría un buen matador de toros, proclama al viento: “¡Dejadme solo!” y a fe que lo está consiguiendo. Es más no tengo reparo en pronosticar que en un breve de tiempo lo va a conseguir.
El Partido Popular, a cuyos integrantes en especial los de su cúpula, no les une ideología política alguna, se le ha abierto una vía de agua, que con toda seguridad los va a llevar al naufragio.
Y es que como diría Ortega, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Convivir demócratas cristianos con liberales, masones, y demás amalgamas, es seguro que tarde o temprano la ambición de unos y otros por alcanzar el predominio y por ende el poder, le lleva a la autodestrucción. Ya les pasó con la tristemente famosa UCD y en menos de un año, les va a ocurrir lo mismo con el engendro actual.
Por añadidura Tranquilito, que parece tan afable de cara a la galería, en los entresijos del partido, ejerce una férrea dictadura que le protege del enemigo interior a la vez que le deja las vergüenzas al descubierto entre sus adversarios.
Como suele ocurrir en estos casos, y es una ley de vida, el inseguro, el que tiende a no fiarse del que crea que le puede hacer sombra, trata por todos los medios de arrojar fuera de los órganos ejecutivos a estas incómodas personas; el problema es que los apartados como leprosos, generalmente, son los más válidos.
La ristra de nombres fulminados por Tranquilito crece día a día. Mayor Oreja, por pronosticar la rendición de la democracia ante ETA, a la puñetera calle. Alejo Vidal Cuadra, por no estar de acuerdo con la política popular en Cataluña, se le exilia a Bruselas. María San Gil, heroína junto a la Alcaldesa Regina      Carlos Iturgaiz, la hermana del asesinado Ordoñez y un largo rosario de personas que no han podido mantenerse por sus públicas diferencias con el presidente de su partido. Y que decir de Rodrigo Rato.
Y ahora, Esperanza Aguirre. En primer lugar debo decir que no me creo que su estado de salud, que haya empeorado en unas horas lo suficiente para hacerle abandonar su puesto. Aquí hay gato encerrado y el gato, aparecerá de pronto y se irá conociendo la verdad del abandono de Aguirre.

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