Debido a la situación que se ha creado
en España, a consecuencia del estallido separatista catalán, he creído de total
actualidad este apunte desde los Alcores publicado en Patria Sindicalista
SEPARARTISMOS Y SEPARADORES
Los separatismos, confirmando los
peores augurios, han aumentado su influencia en la toma de decisiones que atañen
no solo a sus autonomías, sino al resto de España.
Desde los inicios de la transición, o
lo que es lo mismo, a partir de la instauración del régimen partitocrático con
la aprobación de la
Constitución en el año 77, los llamados partidos
nacionalistas, que no son otra cosa que separatistas encubiertos, han tenido un
avance significativo en número y relevancia en Cataluña, Vascongadas y en menor
grado, Galicia. Sin mencionar casos como el de Andalucía, que cuanto menos
vamos a dejarlo en curioso.
Estos disgregadores patrios, se han
visto favorecidos por una ley electoral que los permite tener la llave de la
gobernabilidad de España, contando con la complicidad de los llamados partidos
mayoritarios que han antepuesto sus ansias de poder a los intereses de todos
los españoles; permitiéndoles aberraciones como por ejemplo, la tergiversación
de la Historia
de España, adaptándola a su conveniencia; o el destierro de la lengua común
conocida y hablada por todos, acosando sin tregua a los que piden algo tan
elemental como poder expresarse en su
propio idioma. Y que no se engañe nadie: esta dificultad no solo se padece en
las autonomías socialistas, sino también, en las gobernadas por los populares.
Los políticos separatistas, a los que
no se les puede negar perseverancia en pos de la consecución de sus objetivos,
fomentan el odio hacia el resto de las regiones españolas mediante una labor de
proselitismo sedicioso; de manera especial entre los mas jóvenes gracias a las
competencias en materia de educación cedidas por los gobernantes estatales, que
convierten a colegios e institutos en reductos de radicalización independentista.
Alimentando problemas que solo existen
en sus calenturientas mentes. Como por ejemplo en Cataluña: donde no es verdad,
tal y como reflejan todas las encuestas, que la sociedad catalana en su
conjunto desee separarse del resto de España, ya que en su mayoría se
consideran tan catalanes como españoles.
Una sociedad que detecta y padece los
mismos problemas que el resto de España y que son los que de verdad los
preocupan: el paro, la crisis económica y la corrupción; manteniéndose
indiferentes ante las llamadas consultas populares independentistas, que han
resultado un fracaso rotundo de participación.
El problema vasco es mas complejo y
difícil; ya que al acoso moral a que están sometidos los que se sienten vascos
y españoles, se le añade el de la violencia física y la extorsión, que han
conseguido crear una sociedad con miedo a expresar sus ideas si estas difieren
de las de los energúmenos que ejercen el control dictatorial de todo cuanto
acontece; iniciando a los niños en el odio a España desde su infancia en las
Ikastolas.
Por este motivo, miles de vascos, no
pudiendo soportar mas presión, han optado por emigrar hacia otras tierras
abandonando sus lugares de residencia.
Si se pudiesen sumar estos votos en
las elecciones, se demostraría, que la mayoría separatista que anuncian a bombo
y platillo, no es mas que otra patraña a añadir a su locura independentista.
Lo de Galicia ha quedado desmontado a
las primeras de cambio. Así y todo convendría recordar al Sr. Feijo, su
pertenencia a un partido supuestamente nacional y que los votos obtenidos son
para asegurar la fidelidad de esa región al resto de España.
Expuesta la situación, creo
conveniente hacer una reflexión sobre el tema. Paralelamente al problema
separatista, crece entre una parte de los españoles el caso de los separadores.
Se trata de un ilícito sentimiento, alentado por una parte del resto de España,
que ante el hecho en si, han decidido medir a todos los habitantes de estas
comunidades por el mismo rasero. Así, nos encontramos con gentes que odian a
los catalanes por el simple hecho de serlo. Que consideran al idioma catalán,
vasco, o gallego o como un nexo de desunión y no como un elemento cultural
español.
Entiendo que esta toma de posición
ante el problema es errónea. Que nuestros compatriotas catalanes, gallegos, o
vascos, necesitan sentir la comprensión y el aliento de los que aún podemos
proclamar nuestra españolidad sin que nos castiguen con multas o algo peor.
Que volverles la espalda, traerá
consigo el peligro del desarraigo. Alentarles en todo lo que podamos y
sobretodo tener claro un concepto: la culpa de todo el problema que recaiga
sobre los verdaderos responsables del mismo, que no son otros que los políticos
que dicen gobernarnos. Sin olvidar al Jefe del Estado, que según la Constitución,
garantiza la unidad de España.
Los partidarios de la unidad de toda
España y todos los españoles, debemos estar al lado de los que por sentirse
como tales, son perseguidos en una parte del territorio patrio; y proclamamos
que, en España, únicamente están de mas, aquellos que no creen en su realidad
histórica; y que esta especie reside en cualquier rincón de nuestra geografía y
no, forzosamente, en estas autonomías.
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