¿SABEMOS DONDE NOS ENCONTRAMOS?
Asisto con perplejidad a la nula reacción de los
españoles ante el panorama de desolación que estamos inmersos. Quizás sea
debido, a que ya nos hemos acostumbrado a las malas noticias y a la actitud de
la clase política sea cual fuere su ámbito de actuación y pasa lo que con el
enfermo que está moribundo y la familia rodea su lecho, con la esperanza de que
Dios hará un milagro y el agonizante recobrará la salud.
Sucede que Dios ni está ni se le espera (es una
metáfora, ¡quietos todos!) y como solo Él puede hacer milagros, la cosa se
torna pelín complicada.
Hasta el momento, el enfermo, en este caso España, yace
muy grave. En poco tiempo las bravatas al no ser contestadas adecuadamente, se
convertirán en hechos y no habrá nada que hacer.
Entretanto los que no deseamos que nuestra Patria se
muera, tenemos claro, que deberíamos hacer algo para por lo menos que se sepa
que existe una parte de los españoles que se opondrían con todos los medios a
su alcance a que la parca no esperara más y se la llevara consigo.
Pero para que esto sucediera se tendrían que
producir las circunstancias idóneas para que los contestatarios se pusiesen
manos a la obra. La cosa no resulta baladí: como me voy a juntar yo, manifiesta
uno, que soy todo ortodoxia, con esos que despiden un olor a extrema derecha
que apestan. Nosotros, explica otros a sus seguidores, reunidos con urgencia
para decidir su postura, solo iremos si se nos asegura que nuestro grupo
seguirá estando aparte de todos. ¡Faltaría más! Y por último, otro que
igualmente antepone las necesidades comunes a las suyas particulares, razona
cabalmente: Esto tendría que dilucidarse en un congreso, que convocaremos
cuando las circunstancias lo aconsejen, no cuando nos sea impuesto desde fuera,
y como no hay nada que hacer se pasará a la proyección de la película “El Alcázar
no se rinde”.
Pero como no hay mal que por bien no venga, esta
indecisión le sirve a Rajoy y a don Juan Carlos como una tregua, porque a ellos
los que les ponen nerviosos los que les sacan de quicio, son los que pudieran
intentar unir España, los otros, los que la quieren destruir a toda costa, son
más de fiar.
Pues nada, camaradas, a seguir esperando. A lo
mejor, a pesar del agnosticismo imperante, Dios, que no es rencoroso, se apiada
de nosotros y nos resuelve el problema
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