viernes, 28 de septiembre de 2012

¿Sabemos donde nos encontramos?





¿SABEMOS DONDE NOS ENCONTRAMOS?

Asisto con perplejidad a la nula reacción de los españoles ante el panorama de desolación que estamos inmersos. Quizás sea debido, a que ya nos hemos acostumbrado a las malas noticias y a la actitud de la clase política sea cual fuere su ámbito de actuación y pasa lo que con el enfermo que está moribundo y la familia rodea su lecho, con la esperanza de que Dios hará un milagro y el agonizante recobrará la salud.
Sucede que Dios ni está ni se le espera (es una metáfora, ¡quietos todos!) y como solo Él puede hacer milagros, la cosa se torna pelín complicada.
Hasta el momento, el enfermo, en este caso España, yace muy grave. En poco tiempo las bravatas al no ser contestadas adecuadamente, se convertirán en hechos y no habrá nada que hacer.
Entretanto los que no deseamos que nuestra Patria se muera, tenemos claro, que deberíamos hacer algo para por lo menos que se sepa que existe una parte de los españoles que se opondrían con todos los medios a su alcance a que la parca no esperara más y se la llevara consigo.  
Pero para que esto sucediera se tendrían que producir las circunstancias idóneas para que los contestatarios se pusiesen manos a la obra. La cosa no resulta baladí: como me voy a juntar yo, manifiesta uno, que soy todo ortodoxia, con esos que despiden un olor a extrema derecha que apestan. Nosotros, explica otros a sus seguidores, reunidos con urgencia para decidir su postura, solo iremos si se nos asegura que nuestro grupo seguirá estando aparte de todos. ¡Faltaría más! Y por último, otro que igualmente antepone las necesidades comunes a las suyas particulares, razona cabalmente: Esto tendría que dilucidarse en un congreso, que convocaremos cuando las circunstancias lo aconsejen, no cuando nos sea impuesto desde fuera, y como no hay nada que hacer se pasará a la proyección de la película “El Alcázar no se rinde”.
Pero como no hay mal que por bien no venga, esta indecisión le sirve a Rajoy y a don Juan Carlos como una tregua, porque a ellos los que les ponen nerviosos los que les sacan de quicio, son los que pudieran intentar unir España, los otros, los que la quieren destruir a toda costa, son más de fiar.
Pues nada, camaradas, a seguir esperando. A lo mejor, a pesar del agnosticismo imperante, Dios, que no es rencoroso, se apiada de nosotros y nos resuelve el problema

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