sábado, 29 de septiembre de 2012

MI QUERIDO MADRID




MI QUERIDO MADRID

Me parece que fue ayer cuando en la Glorieta de Embajadores con una buena parte sin adoquinar, jugábamos al fútbol con una pelota de goma soñando con poderlo hacer un día en terrenos de juego más idóneos.
Una vez terminada la primera fase de modernización, nos trasladamos a la Corrala de Mesón de Paredes, lugar en donde todos los días “echábamos” nuestro partido, procurando que el municipal de turno no nos chafara la fiesta.
Los tiempos cambian ¿para bien? Y hace unos años aprovechando que tenía que hacer unas gestiones en el entorno, bajaba desde Tirso de Molina camino de mi Glorieta aspirando hondo, con la pretensión de que el aire embajadoriano me penetrara hasta el último rincón de mi cuerpo.
Sin embargo la zozobra se iba apoderando de mí. ¡No encontraba la Peña Los Macizos! Y juraría que estaba allí. Al momento, vi el cielo abierto: un amigo de la pubertad, eso sí, con un aspecto mucho mas viejo que el mío se me acercaba sonriente. Tras darnos el lógico abrazo, le pregunté por el destino que había tenido la Peña madridista. Muy serio me contestó: “No te canses en buscar nada de lo que aquí hubo en su día lo encontrarás ahora; ha sido sustituido por negocios de moros chinos”
Me preguntaba: ¿Cómo es posible esto? Pues lo era, y además la presencia de personas con estos rasgos caminaba por la calle. Desistí seguir allí y dando un vistazo lleno de nostalgia, buscando en el tiempo aquella pequeña cesta conteniendo las chucherías de entonces y en el que a ratos se encargaba de la venta mi primer amor de juventud.
Pero no iba a ser esta la única nota desagradable que iba a presenciar en mi rencuentro con mi barrio. Al llegar a la Glorieta, justo en la esquina con la Ronda de Atocha y la calle Alonso Barco, me percaté de la subida y bajada de automóviles, de toda clase de hombres y mujeres, a los que se les notaba por su aspecto su relación con la droga. Individuos con aspecto de matones dirigían las operaciones de carga y descarga. No pude resistir mas; baje las escaleras del metro dispuesto a irme para no volver de estos lugares tan queridos.
Tardé tiempo en recuperarme de la impresión. Que la visita me había causado. ¿Este es el Madrid moderno, que ha suplantado el casticismo y la normalidad de sus gentes? Pues lo siento, prefiero estar anclado en los años de mi juventud y soñar con mi barrio sin adulterar, mientras maldigo a los responsables de este deterioro y falta de respeto hacia todos los que honraban con su presencia tan madrileñas calle.
Que con vuestro pan os lo comáis. Me vuelvo a mis Alcores      

No hay comentarios:

Publicar un comentario