martes, 14 de febrero de 2012

Recuerdos de la Autentica Rafael Sanchez Plaza I





RAFAEL SANCHEZ PLAZA  Recuerdos de la Auténtica
El capitán azul

Conocí a Rafael Sánchez Plaza en la sede de la calle del Pez de Madrid. Siempre en compañía de su mujer, Pilar de las Heras. Creo que fue uno de los hombres que mas se haya dado a la Falange; por tener unos años mas que nosotros, fue como el tutor de todos los que por aquel tiempo gozábamos de ese bien tan preciado que se conoce como juventud.
Antes de continuar, debo de hacer una premisa importante: Rafael era capitán de la Guardia Civil y en todas las acciones que a continuación trataré de comentar, Rafael, por su condición de militar, tenía absolutamente prohibido pertenecer a la militancia de ningún Partido Político. Y por descontado realizar las acciones de riesgo en que siempre estaba comprometido.
Empecé a tener mas trato con él, cuando coincidimos en la Junta Provincial de Madrid y en los años que estuve a su lado, me enseñó sobretodo praxis política. Depositó en mi una gran confianza en la creencia de que con el tiempo, llegaría a desempeñar cargos de responsabilidad en la Falange. En este caso, me considero culpable de no haber tenido la apetencia de mando suficiente para poder pagarle su dedicación a mi preparación.
Ayudaba económicamente a camaradas que querían asistir a los actos programados fuera de Madrid y siempre su coche un 124 Sport, estaba a disposición de la Falange.
En la escisión de la Auténtica, fue el que mas se significó en tomar partido por el Jefe Nacional y el que mas influyó en unos y otros para que lo hicieran.
Una noche de miércoles santo, la mayoría de los Jefes locales de la provincia de Madrid, convocados por mi, que era el “Jefe de Pueblos,” nos reunimos en el local de Torrejón de Ardoz, a instancias de Rafael para tomar una decisión definitiva sobre nuestro posicionamiento en el problema.
Era de madrugada cuando sonó el timbre; abrimos y apareció Rafael Sánchez Plaza y a su lado el hermano de Jose Mª Gussoni, que no recuerdo su nombre, pero si el tamaño del pistolón que llevaba debajo de la chaqueta. Al ser de baja estatura, el pistolón, casi le asomaba por debajo de la prenda, que a decir verdad, le venía un tanto larga.
Rafael se asomó y como buen Guardia Civil, hizo un rápida inspección ocular de quienes componíamos la reunión. Con una amplia sonrisa saludo diciendo: “Pero si aquí solo hay buena gente.” Se volvió e hizo una seña. Al instante entró Pedro Conde.
Fiel a mi pacto de silencio conmigo mismo sobre este asunto, me vais a permitir que no cuente nada mas.
Si me voy a referir a una anécdota que le ocurrió, mientras estaba esperando en una comisaria a que saliésemos Susaeta y yo, que estábamos a la espera de una documentación necesaria para las elecciones.
El bueno de Rafael estaba sentado sin meterse con nadie, intentando pasar desapercibido. Pero no pudo ser: un policía se le acercó y dejó un pasquín en la mesa de al lado con la foto de tres delincuentes reclamados por la policía y la Interpol. El policía miraba a Rafael, hasta que de pronto le espetó: ¿Qué te parecen? Muy bien contestó Rafael. Muy guapos. El policía insistió: ¿Y este de la esquina no se te da un aire a nadie?
A todo esto el policía se acercaba a Rafael, sabe Dios con que intenciones. Nuestro camarada no tuvo mas remedio que enseñar la documentación y decir al policía. "No sigas por ese camino que te equivocas”.
Como el tema da para al menos un artículo mas, el resto del recuerdo a Rafael, lo dejo para la próxima entrega

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