RAFAEL SANCHEZ PLAZA
Recuerdos de la Auténtica
El capitán azul
Conocí a Rafael Sánchez Plaza en la sede de la calle
del Pez de Madrid. Siempre en compañía de su mujer, Pilar de las Heras. Creo
que fue uno de los hombres que mas se haya dado a la Falange; por tener unos
años mas que nosotros, fue como el tutor de todos los que por aquel tiempo
gozábamos de ese bien tan preciado que se conoce como juventud.
Antes de continuar, debo de hacer una premisa
importante: Rafael era capitán de la Guardia Civil y en todas las acciones que
a continuación trataré de comentar, Rafael, por su condición de militar, tenía
absolutamente prohibido pertenecer a la militancia de ningún Partido Político.
Y por descontado realizar las acciones de riesgo en que siempre estaba
comprometido.
Empecé a tener mas trato con él, cuando coincidimos
en la Junta Provincial de Madrid y en los años que estuve a su lado, me enseñó
sobretodo praxis política. Depositó en mi una gran confianza en la creencia de
que con el tiempo, llegaría a desempeñar cargos de responsabilidad en la
Falange. En este caso, me considero culpable de no haber tenido la apetencia de
mando suficiente para poder pagarle su dedicación a mi preparación.
Ayudaba económicamente a camaradas que querían
asistir a los actos programados fuera de Madrid y siempre su coche un 124
Sport, estaba a disposición de la Falange.
En la escisión de la Auténtica, fue el que mas se
significó en tomar partido por el Jefe Nacional y el que mas influyó en unos y
otros para que lo hicieran.
Una noche de miércoles santo, la mayoría de los
Jefes locales de la provincia de Madrid, convocados por mi, que era el “Jefe de
Pueblos,” nos reunimos en el local de Torrejón de Ardoz, a instancias de Rafael
para tomar una decisión definitiva sobre nuestro posicionamiento en el
problema.
Era de madrugada cuando sonó el timbre; abrimos y
apareció Rafael Sánchez Plaza y a su lado el hermano de Jose Mª Gussoni, que no
recuerdo su nombre, pero si el tamaño del pistolón que llevaba debajo de la
chaqueta. Al ser de baja estatura, el pistolón, casi le asomaba por debajo de la
prenda, que a decir verdad, le venía un tanto larga.
Rafael se asomó y como buen Guardia Civil, hizo un
rápida inspección ocular de quienes componíamos la reunión. Con una amplia
sonrisa saludo diciendo: “Pero si aquí solo hay buena gente.” Se volvió e hizo
una seña. Al instante entró Pedro Conde.
Fiel a mi pacto de silencio conmigo mismo sobre este
asunto, me vais a permitir que no cuente nada mas.
Si me voy a referir a una anécdota que le ocurrió,
mientras estaba esperando en una comisaria a que saliésemos Susaeta y yo, que
estábamos a la espera de una documentación necesaria para las elecciones.
El bueno de Rafael estaba sentado sin meterse con
nadie, intentando pasar desapercibido. Pero no pudo ser: un policía se le
acercó y dejó un pasquín en la mesa de al lado con la foto de tres delincuentes
reclamados por la policía y la Interpol. El policía miraba a Rafael, hasta que
de pronto le espetó: ¿Qué te parecen? Muy bien contestó Rafael. Muy guapos. El
policía insistió: ¿Y este de la esquina no se te da un aire a nadie?
A todo esto el policía se acercaba a Rafael, sabe
Dios con que intenciones. Nuestro camarada no tuvo mas remedio que enseñar la
documentación y decir al policía. "No sigas por ese camino que te
equivocas”.
Como el tema da para al menos un artículo mas, el
resto del recuerdo a Rafael, lo dejo para la próxima entrega
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