sábado, 11 de febrero de 2012

Apuntes sobre Narciso




APUNTES SOBRE NARCISO

Durante el proceso de fraccionamiento de la Auténtica, ocurrieron algunos hechos puntuales que desdramatizaron un poco el problema. Casi todos ellos llevaban el sello del irrepetible Narciso Perales.
En medio del follón, los camaradas de San Blas convocaron una asamblea para debatir el camino a tomar. Todo fue bien (dentro de lo que cabe) hasta que de pronto, un camarada, con cara de espantó señalando a una caja de zapatos depositada en una ventana gritó descompuesto: “Nos han puesto una bomba.”
El revuelo que se formó fue descomunal. Falangistas valerosos, tomando las de Villadiego escapando por una puerta. Otros, rayando en la temeridad, permanecieron en el salón, Eso si: a una distancia lo mas alejada posible del paquete sospechoso.
Narciso que estaba en la mesa presidiendo el acto, se levantó y se dirigió al lugar en donde se encontraba la caja de zapatos y en su interior, el artefacto explosivo.
Los camaradas, temerosos, le gritaban que no se acercara al lugar descrito. Todo fue inútil: se acercó a la caja de zapatos y con mucha parsimonia la cogió a la vez que decía: “Veamos la bomba” Abrió la caja y el objeto causante de la desbandada quedó al descubierto. Se trataba de un par de zapatos que alguien no se por cual motivo había dejado allí.
Narciso tenía la inveterada costumbre de acudir a una Adoración nocturna a la Virgen, que una vez al mes, tenía lugar en una capilla del Puente Vallecas. Y no era lo malo que fuese Narciso; sino que como es lógico, se hacía acompañar por un camarada. Muchos éramos los que nos echábamos a temblar pensando en que podíamos ser los elegidos. Afortunadamente, dos camaradas, efectuaban este servicio con mucho gusto: Alfonso García y Jesús Cabrera, librándonos a los demás de una noche en vela.
Recuerdo también en la época del desastre, que para unas determinadas gestiones, se contrató a un notario para que levantara acta. Narciso lo llevaba   todo correr detrás suya, como si fuera un lazarillo. Aquel hombre subiendo las empinadas escaleras de Pez, iba colorado como la muleta de un torero. Narciso nos hacía el siguiente cometario: “Don …….. es muy capaz y conocedor de su oficio, pero está viejo” Narciso le sacaba a aquel hombre no menos de cinco años.

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