APUNTES SOBRE NARCISO
Durante el proceso de fraccionamiento de la Auténtica,
ocurrieron algunos hechos puntuales que desdramatizaron un poco el problema. Casi
todos ellos llevaban el sello del irrepetible Narciso Perales.
En medio del follón, los camaradas de San Blas convocaron
una asamblea para debatir el camino a tomar. Todo fue bien (dentro de lo que cabe)
hasta que de pronto, un camarada, con cara de espantó señalando a una caja de
zapatos depositada en una ventana gritó descompuesto: “Nos han puesto una
bomba.”
El revuelo que se formó fue descomunal. Falangistas
valerosos, tomando las de Villadiego escapando por una puerta. Otros, rayando
en la temeridad, permanecieron en el salón, Eso si: a una distancia lo mas
alejada posible del paquete sospechoso.
Narciso que estaba en la mesa presidiendo el acto,
se levantó y se dirigió al lugar en donde se encontraba la caja de zapatos y en
su interior, el artefacto explosivo.
Los camaradas, temerosos, le gritaban que no se
acercara al lugar descrito. Todo fue inútil: se acercó a la caja de zapatos y
con mucha parsimonia la cogió a la vez que decía: “Veamos la bomba” Abrió la
caja y el objeto causante de la desbandada quedó al descubierto. Se trataba de
un par de zapatos que alguien no se por cual motivo había dejado allí.
Narciso tenía la inveterada costumbre de acudir a
una Adoración nocturna a la Virgen, que una vez al mes, tenía lugar en una
capilla del Puente Vallecas. Y no era lo malo que fuese Narciso; sino que como
es lógico, se hacía acompañar por un camarada. Muchos éramos los que nos
echábamos a temblar pensando en que podíamos ser los elegidos. Afortunadamente,
dos camaradas, efectuaban este servicio con mucho gusto: Alfonso García y Jesús
Cabrera, librándonos a los demás de una noche en vela.
Recuerdo también en la época del desastre, que para
unas determinadas gestiones, se contrató a un notario para que levantara acta.
Narciso lo llevaba todo correr detrás suya, como si fuera un
lazarillo. Aquel hombre subiendo las empinadas escaleras de Pez, iba colorado
como la muleta de un torero. Narciso nos hacía el siguiente cometario: “Don ……..
es muy capaz y conocedor de su oficio, pero está viejo” Narciso le sacaba a
aquel hombre no menos de cinco años.
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