ACERCA DE LA LIBERTAD
Los españoles han
sustituido los tres pilares elementales en los que configuran su identidad:
Dios, Patria y familia, por otros que nada tienen que ver con su forma de
entender la vida; con su destino en común y mucho menos, con su devenir a
través de la historia.
A saber: el
nihilismo, negación de todo lo divino; el hedonismo, culto al placer como único
objetivo de la vida; la moral materialista, que degrada al ser humano, con
riesgo de sumirlo en la angustia, el hastío, la desesperación o el embrutecimiento;
la alineación materialista, que convierte a las personas en factores económicos
sin otro valor; en meros utensilios, en esclavos de las cosas, en juguetes de
los apetitos inferiores y de las sensaciones corporales; en competidores o
adversarios por el poder, el gusto o la riqueza, en explotadores o explotados;
en opresores u oprimidos. Según Thomas Hobbes: “El hombre es el lobo del
hombre”.
La dignidad humana y la integridad que aporta el bienser,
son cualidades inherentes a una convivencia apacible, que en España, hoy en
día, está en desuso. El pueblo está
adocenado por el sistema capitalista, abrumado por la corrupción y el
embrutecimiento, manipulado por los poderosos, que dominan las instituciones
públicas y los medios de difusión; coartado por la colonización extranjera, que
nos hace siervos de las grandes potencias. En tales condiciones la democracia
es una ficción y la libertad un espejismo.
Llaman democracia a un sistema basado en la dictadura de
la mayoría sobre la minoría; en una suma de voluntades que elimina realidades
que se han cimentado a través de los siglos y que negar su validez, es como
negar la noche y el día.
La libertad no es pues, un hecho de aislamiento, sino de
reflexión mutua, no de exclusión, sino por el contrario de ligazón, pues la
libertad de todo individuo no es mas que la reflexión de su humanidad o de su
derecho humano en la conciencia de todos los hombres libres, sus hermanos, sus
iguales. Yo no soy verdaderamente libre mas que cuando todos los seres humanos
que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres. La libertad de otro,
lejos de ser un límite o la negación de mi libertad, es por el contrario su
condición necesaria y su confirmación. De suerte que, cuantos mas numerosos son
los hombres libres que me rodean, cuanto mas extensa y profunda es su voluntad,
mas extensa y profunda deviene mi propia libertad. Una libertad que, aislada,
vista en solitario, no satisface las necesidades de sus detentadores; si al
lado de ella, intrínsecamente unidas a la misma libertad como un todo
indivisible no se encuentran la dignidad y la integridad. Si esta trilogía:
libertad, dignidad e integridad se encuentra instalada en una sociedad, esta se
puede considerar libre, sin ninguna atadura.
Esa libertad, que no viene dada por leyes y códigos impuestos por los
hombres; y si, por la propia conciencia; por el derecho natural que nos acerca
a Dios y que ayuda al hombre a discernir entre el bien y el mal.
En ese respeto mutuo, en esa vida en común, en esa moral
de sacrificio, se encuentra la verdadera
libertad. Por el contrario, en el afán desmedido por poseer mas; en la
dependencia de las cosas; en el bienestar a costa de la dignidad y de la
integridad, se encuentra la esclavitud de la sociedad de consumo.
Yo soy un amante fanático de la libertad, a la que
considero como el único medio en el seno de la cual pueden desarrollarse y
agrandarse la inteligencia, la dignidad y la felicidad de los hombres. Una
libertad acompañada por los otros dos ingredientes inseparables antes descritos,
que son antagónicos con la libertad individualista, egoísta, mezquina y
ficticia pregonada por los herederos de Rousseau.
Una libertad antagónica con el estado tirano y
absolutista con dominio total del partido único propugnada por los seguidores
de Marx. Esta libertad, es otra cosa. Es la felicidad compartida. Es la
solidaridad llevada hasta las últimas consecuencias. Esa plena libertad, es en
la que yo creo.
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