ESTEBAN FLORES “EL TUPA”
Hace unos días mi amigo y camarada Rafa Torres, me
preguntó que si sabía algo del “Tupa”. Le contesté, que hacía mas de veinte
años que no lo veía. Y que la última vez, no pude cruzar palabra con él, porque
era el Paseo del Prado y salía de una cafetería esquina con Huertas y yo, que
conducía un vehículo no pude detenerme.
Rafa, que yo creo se ha propuesto subir a los
palacios y bajar a las cárceles en busca de camisas azules “auténticas”, me
preguntó si sabía el nombre y apellidos del camarada. Después de mucho pensar, recordé
que se llamaba Esteban Flores.
Rafa hizo las averiguaciones correspondientes y
ayer, me facilitó un número de teléfono que en teoría me facilitaría contactar
con él. De inmediato conecté con el número indicado y me salió una voz
infantil. Pregunté si era el teléfono de Esteban Flores. El niño me respondió
afirmativamente y al decirle si podía ponerse, me contestó: “no puede. Murió el
año pasado”
Esteban fue durante años compañero mio en Peugeot.
Trabajaba en la Imprenta y se ayudaba económicamente encuadernando fascículos
que le confiaban distintos compañero. Era un artista. Y como tal, actuaba: si
le entregaban un trabajo en Enero, lo devolvía en Noviembre.
Lo que puedo decir, es que en una fábrica de mas de
20000 trabajadores éramos de La Auténtica Esteban y yo. Pues bien, como un
nuevo Queipo de llano, su eficacia en labores como pegar carteles por toda la
fábrica. Repartir octavillas, repartir periódicos etc. Daba como resultado que
los demás creyeran que éramos bastante mas. Si le pedía ayudarle en su ímproba
labor, me contestaba, que yo era el jefe y que iban a pensar los rojos.
En los puestos de propaganda era una garantía de
seguridad y cuidado que era de baja estatura. Una noche tras el 20N, entramos
en la provincia de Cuenca en un bar a tomar café. Por supuesto, debidamente
uniformados. De pronto, observamos como de un autocar descendían las huestes de
Raimundo.
Yo pensé “Vade retro Satanás” como nos van a poner.
Esteban se apartó y comenzó a hablar con uno que yo lo conocía de vista. Nadie
nos dijo nada. Esteban no se separaba de aquel hombre. Al salir al exterior le
dije: Esteban, vaya suerte que hemos tenido. Los Raimundos no nos han dicho
nada. Muy tranquilo, me contestó: Nos ha jodido uno de ellos era Murillo el de
Fábrica y le he dicho que como nos dijeran algo, mañana le rebanaría el
pescuezo.
En los chiringuitos de los pueblos, se paseaba por
todo el ferial, de caseta en casta, ataviado con la camisa azul. Nada ni nadie
podía con él.
Su vida, desordenada, le llevo a ser despedido unos
años después de la Fábrica. No importa: Esteban Flores, estoy seguro, estará
leyendo estas líneas desde los luceros.
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