martes, 3 de abril de 2012

confidencias a media noche


Es el momento de reciclar. Poner en claro todo lo que has vivido y observar desde la atalaya del mundo próximo  a Morfeo que utilidad has sacado de todo cuanto has percibido desde tus distintos sentidos. Y hay cosas que me llaman la atención: observo como algunos siguen repartiendo credenciales de demócrata sin mirarse a sí mismo y a su pasado afectivo. Otros que juegan a ser lo que no son y otros que piensan que mañana tendrán que atender los problemas cotidianos sin que a los que les han dado su confianza por medio del voto se les mueva un solo músculo de la cara con solo ver lo que pasa a su alrededor.
Y por supuesto, lamento el desconocimiento que se tiene de la célebre cita de Machado: Tu verdad, no. La verdad. Y ben conmigo a buscarla; la tuya, guárdatela.
Tampoco he visto a Diógenes con la lámpara encendida a plena luz del día, buscando “Un hombre”
Quizás mañana las cosas funcionen de otra manera y el espíritu, la filosofía del romanticismo que dicen trasnochado impida el paso a un mundo mas real que a algunos no nos gusta.
Aquellos que viven pensando  que se tienen que morir, han soportado el espíritu materialista, el culto al placer mundano y se han visto decepcionados ante algo que parecían tener al alcance de la mano y solo era una nebulosa que se presenta como un espíritu que toma cuerpo para después desvanecerse en el negro espacio de lo que solo era una ilusión corpórea.
Es entonces llegado el momento de efectuar las acciones correctoras de la conducta, para no verse desplazado. Y ese ejercicio de corrección es el que debe triunfar sobre el que estaba actuando desvirtuando la acción.
El cambio de modelo de sociedad está en puertas. Nada volverá a ser lo mismo. Y el que no asuma esta nueva relación sociedad/persona humana se verá apocado a emprender u camino incierto por incomprensible para los demás, pero que quizás, aislado en un mundo que solo está creado para él, pueda imaginarse que el otro, el que el cambio le obliga a permanecer.
Por ello sacar provecho a la noche. A la quietud, a la calma y al descanso haciéndonos las preguntas necesarias a temas trascendentales que se escapan de lo cotidiano y entran de lleno en lo metafísico.
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