PINCELADAS SOBRE LA AUTENTICA
Después de unos días en los que no he tenido más
remedio que hacer un receso en mi cita del blog, hoy reanudo la marcha, y lo
hago con un tema del que por activa y pasiva me han pedido que diese mi opinión
al haber tenido la oportunidad de presenciar los hechos en primera persona.
Entiendo la curiosidad si es motivada por una
curiosidad histórica, y la rechazo si viene dada por un deseo morboso de sacar
trapos sucios al exterior.
Por eso antes de que se puedan ofrecer comentarios
sobre mi organización prefiero levantar mi pacto de silencio conmigo mismo y
analizar aquellos días que contrariamente a lo que se supone si bien dejaron a
la falange maltrecha y con heridas profundas, no significaron el final de su
singladura.
Lo siento por los morbosos pero mi trabajo va a
consistir en analizar situaciones sin juzgar comportamientos. Eso que lo hagan
los que deseen ser jueces implacables, yo considero que toda persona lleva a
cabo acciones que son mal vistas por los demás pero que en su fuero interno,
las considera lícitas y beneficiosas. Allá cada uno con su conciencia.
Las intervenciones de Gustavo Morales y Fafa
aportaron luz sobre la prehistoria de la Auténtica, de donde venía y adonde
pensaba ir. También fueron rigurosos sobre la causa efecto del problema.
Coincide con mi creencia de que la Auténtica era de
difícil encaje debido a las distintas corrientes que existían en el seno de la organización,
que abarcaban desde la extrema derecha a la extrema izquierda. Quien no
recuerda el espectáculo de las banderas en actos como el de Alicante en el que
parecía una asamblea de la ONU por la proliferación de enseñas autonómicas.
Asimismo estoy de acuerdo con Gustavo en el problema
que surgió en el III Congreso que fue la antesala de lo que vino después. No
dejo de lado la acusación velada de Fafa de los “Aurelianos” que entiendo se
debe de referir a Aurelio Suárez y como él decía, sus adláteres. A los que
busco en la memoria y no encuentro es a los jerarcas del bigote por mas que
repaso. Del grupo de “revoltosos” había buenas pelambreras como la del “Trosko”
o el “Loro” pero bigote, lo que se dice bigote, quizás uno pequeñito que
portaba “Hugo”. Y yo llevaba como
siempre mi barba proletaria.
Así que con el permiso de todos comencemos la
función y sirva la presente como un preámbulo.
Advierto que llevaré el relato hasta el final. Hasta
la extinción de nuestro vehículo ideológico.
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